Cuentos Bíblicos para Niños

Historia bíblica ilustrada · 3 a 7 años · 9 min de lectura

Los Sabios y la Estrella

Los Sabios y la Estrella

Muy, muy lejos en una tierra del Este, vivía un joven sabio llamado Caspar. Amaba las estrellas más que nada.

Cada noche, Caspar subía a la cima de una alta torre de piedra. Contaba las estrellas y le daba a cada una su propio nombre.

Caspar tenía un camello llamado Bumpy, que era peludo y muy terco. A Bumpy le encantaban los dátiles, la fruta dulce y pegajosa, más que nada.

El maestro de Caspar era Melchor, el sabio más viejo de la tierra. Tenía una larga barba blanca y una habitación llena de pergaminos de estrellas.

El mejor amigo de Caspar era Baltasar, el sabio más alto de todos. Tenía una voz profunda y retumbante, como un gran tambor.

Cada noche, los tres sabios observaban el cielo juntos. Conocían cada estrella y amaban a cada una.

Una noche, Caspar miró hacia arriba y se quedó sin aliento. ¡Una estrella nueva brillaba en el cielo, más grande y brillante que todas las demás!

"¡Miren!" exclamó Caspar. La nueva estrella brillaba y centelleaba, y su luz era cálida y dorada, como una vela en el cielo.

Caspar corrió escaleras abajo hasta la habitación de Melchor. Melchor desenrolló un pergamino muy antiguo y lo leyó a la luz de una lámpara.

Los Sabios y la Estrella — The Old Scroll

"Una estrella nueva significa que ha nacido un nuevo Rey," dijo Melchor. "Un Rey muy especial, enviado por Dios para todo el mundo."

"¡Entonces debemos ir a encontrarlo!" retumbó Baltasar. "Y le llevaremos regalos dignos de un Rey."

Caspar eligió oro, brillante y resplandeciente. "Un Rey debe tener el tesoro más fino," dijo, y empacó su pequeña caja de oro.

Melchor eligió incienso. Cuando lo quemas, produce un humo dulce que sube a Dios, como una oración.

Baltasar eligió mirra, un aceite de perfume precioso. Olía dulce y especiado, y valía mucho dinero.

Por la mañana, empacaron sus camellos con comida, agua, mantas y los tres regalos especiales. ¡Era hora de partir!

Pero Bumpy no se levantaba. Solo se sentaba y masticaba. Entonces Caspar le ofreció un dulce dátil, ¡y Bumpy se levantó de un salto!

Los Sabios y la Estrella — The Date Trick

Así que los tres sabios emprendieron su largo, largo viaje. Salieron de la ciudad, hacia la tierra donde brillaba la estrella.

Noche tras noche, la estrella brillaba delante de ellos. Noche tras noche, la siguieron a través del ancho, ancho desierto.

Durante el caluroso día, descansaban a la sombra de su tienda. ¡Bumpy roncaba tan fuerte que nadie más podía dormir!

Un día, comenzó a soplar un gran viento. ¡WHOOSH! La arena giraba a su alrededor, y todo el cielo se volvió naranja.

"¡Agáchense!" retumbó Baltasar. Los sabios se escondieron detrás de sus camellos y cubrieron sus rostros con sus túnicas.

Cuando el viento se detuvo, había arena por todas partes, ¡incluso en el cabello de Caspar! Pero la caja de oro estaba a salvo, y también todos sus amigos.

Luego llegaron a una montaña empinada y rocosa. El camino era muy estrecho y las piedras sueltas rodaban bajo sus pies.

A mitad de camino, Bumpy se detuvo. Se sentó justo en medio del camino y no se movía ni un solo paso.

Los Sabios y la Estrella — Bumpy Sits Down

Caspar empujó, tiró y suplicó. "Por favor, Bumpy, ¡tenemos que encontrar al Rey!" Pero Bumpy solo cerró los ojos.

Entonces Caspar recordó. Metió la mano en su bolsa y sacó un dulce y pegajoso dátil. ¡Los ojos de Bumpy se abrieron de par en par!

Bumpy se levantó de un salto y trotó hasta la cima. Melchor y Baltasar se rieron tanto que tuvieron que sostenerse la barriga.

Esa noche, acamparon en lo alto de la montaña. Pero cuando Caspar miró hacia arriba, todo el cielo estaba lleno de nubes grises y espesas.

¡La estrella había desaparecido! La noche siguiente también estaba nublado, y la siguiente. Ahora los sabios no sabían hacia dónde ir.

Caspar se sentó junto al fuego y abrazó sus rodillas. "¿Y si nunca encontramos al Rey?" susurró tristemente.

Melchor le puso un brazo alrededor. "Dios envió la estrella," dijo suavemente. "Dios nos ayudará a encontrar el camino. Sigamos adelante."

Por fin vieron una gran ciudad con altas murallas doradas. Era Jerusalén, la ciudad más grande y bulliciosa de toda la tierra.

Los Sabios y la Estrella — A Great City

"Un nuevo Rey debe vivir en un palacio," dijo Baltasar. "¡Vamos al palacio y preguntemos dónde está!"

En el palacio estaba el rey Herodes, el rey de esa tierra. Tenía una gran corona de oro y una cara muy gruñona.

"¿Dónde está el bebé que ha nacido para ser Rey?" preguntó Caspar. "Vimos su estrella y hemos venido a adorarlo."

La cara del rey Herodes se puso roja como un tomate. No quería un nuevo rey. ¡Quería ser el único rey para siempre!

Herodes pidió ayuda. Entró apresuradamente un viejo maestro que conocía el Libro de Dios de memoria, llevando un largo pergamino.

Desenrolló el pergamino y leyó: "El nuevo Rey nacerá en Belén." Belén era un pequeño pueblo, no muy lejos.

El rey Herodes sonrió una gran sonrisa falsa. "Vayan y encuentren al niño," dijo. "Luego regresen y díganme dónde está."

"Yo también quiero adorarlo," había dicho Herodes. Pero eso no era cierto. Herodes tenía un plan malvado escondido en su corazón.

Los Sabios y la Estrella — A Mean Plan

Los sabios salieron del palacio al caer el sol. Se dirigieron por el camino hacia Belén, pero el cielo seguía lleno de nubes.

Entonces Caspar miró hacia arriba y gritó de alegría. ¡Las nubes se habían ido, y allí estaba la estrella de nuevo, brillando más que nunca!

La estrella se movía delante de ellos, guiando el camino. ¡Bumpy corría tan rápido que ni siquiera necesitaba un dátil esta vez!

En el pequeño pueblo de Belén, la estrella se detuvo. Brillaba justo sobre una pequeña casa, como diciendo, "¡Aquí está!"

Los sabios bajaron de sus camellos. El corazón de Caspar latía fuerte, fuerte, fuerte. Tocó suavemente la pequeña puerta de madera.

Un hombre amable llamado José abrió la puerta. Sonrió a los extraños y les pidió que entraran.

Adentro estaba María, que era la madre de Jesús. En su regazo estaba el pequeño Jesús. ¡Ya no era un bebé pequeño, sino un niño feliz!

Los Sabios y la Estrella — Mary and Jesus

Los tres sabios se arrodillaron en el suelo e hicieron una reverencia. Después de su largo, largo viaje, ¡habían encontrado al Rey al fin!

Caspar abrió su caja de oro y la colocó con mucho cuidado. El pequeño Jesús extendió la mano y tocó el oro brillante con una risita.

Melchor entregó el incienso, y Baltasar entregó la mirra. María y José sonrieron. ¡Estos realmente eran regalos dignos de un Rey!

Esa noche, acamparon fuera de Belén. Mientras Caspar dormía, un ángel que brillaba como el sol vino a él en un sueño.

"No regresen al rey Herodes," dijo el ángel. "Él no quiere adorar a Jesús. Vuelvan a casa por otro camino."

Así que temprano a la mañana siguiente, los sabios regresaron a casa por un camino diferente. ¡El rey Herodes esperó y esperó, pero nunca regresaron!

De regreso a casa, Caspar subió a su torre y miró las estrellas. "Lo encontramos," susurró. "¡Encontramos al Rey de todo el mundo!"

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